Al entrar en su casa, descubrieron que ella… Ver más

Según sus seres queridos, ella creía sinceramente estar tomando la mejor decisión posible. Los discursos en línea que seguía exaltaban las virtudes de este modo de alimentación: purificación del cuerpo, desintoxicación, energía pura, conexión con la naturaleza.

Las primeras señales engañosas

Al principio, los resultados parecían positivos. Perdía peso. Afirmaba sentirse más ligera. Su entorno, tranquilizado por sus declaraciones entusiastas, no percibía el peligro que se avecinaba.

Sin embargo, su cuerpo ya estaba enviando señales de alarma. Un cansancio que se instalaba. Una pérdida de peso que se aceleraba. Una palidez creciente. Pero ¿cómo preocuparse cuando la persona en cuestión afirma sentirse mejor que nunca?

La dieta frutariana: ¿qué riesgos?

Una alimentación naturalmente incompleta

La dieta frutariana, en su forma más estricta, excluye todos los alimentos excepto las frutas. Esto significa:

Ninguna proteína en cantidad significativa (las frutas contienen cantidades mínimas)

Ninguna grasa esencial (indispensables para el cerebro y el sistema hormonal)

Pocos minerales (hierro, calcio, zinc, yodo están casi ausentes)

Nada de vitamina B12 (ausente del mundo vegetal, salvo suplementación)

Pocas vitaminas liposolubles (A, D, E, K)

El cuerpo humano no puede funcionar correctamente sin estos nutrientes. Las proteínas construyen y reparan tejidos. Las grasas aseguran el funcionamiento del cerebro y las hormonas. Los minerales regulan cientos de reacciones bioquímicas.

Las consecuencias fisiológicas

Una dieta exclusivamente frutal provoca rápidamente:

Una desnutrición proteica: los músculos se consumen, incluido el corazón

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