- Protege más su privacidad
El teléfono se convierte en un objeto “protegido”.
Lo lleva a todas partes.
Evita dejarlo a la vista.
Cambia contraseñas o hábitos.
No siempre hay algo concreto, pero sí una actitud más reservada.
- Parece más distraído
Puede estar físicamente presente… pero no mentalmente.
Olvida cosas simples.
Pierde el hilo de las conversaciones.
Parece estar pensando en otra cosa.
Esta desconexión no es casual.
- Cambios en la rutina
Empiezan a aparecer nuevas actividades o excusas:
Horarios diferentes.
Salidas imprevistas.
Más tiempo fuera de casa.
A veces son cambios sutiles, pero repetidos.
- Comparaciones involuntarias
Puede empezar a hacer comentarios indirectos: