Cuando te cortas o sufres una lesión, tu cuerpo activa un mecanismo de defensa llamado coagulación. Gracias a este proceso se forma un coágulo que detiene el sangrado y ayuda a que el tejido cicatrice.
Pero cuando ese coágulo se forma dentro de un vaso sanguíneo sin que exista una herida, puede convertirse en un trombo.
Un trombo es un coágulo de sangre que se forma dentro de una arteria o una vena y permanece adherido a la pared del vaso sanguíneo.
Está compuesto principalmente por plaquetas, fibrina y células sanguíneas, que se agrupan formando una especie de “tapón” que puede dificultar o bloquear el flujo normal de la sangre.
La formación de trombos suele explicarse por lo que en medicina se conoce como la tríada de Virchow, tres factores que favorecen la coagulación anormal:
Daños en la pared de las arterias o venas, como los que pueden ocurrir por inflamación, aterosclerosis o traumatismos.
Puede suceder cuando una persona permanece mucho tiempo inmóvil, por ejemplo durante hospitalizaciones prolongadas o viajes largos.
Algunas enfermedades, ciertos medicamentos, cirugías, el embarazo o trastornos genéticos pueden aumentar el riesgo de coagulación.
El problema aparece cuando el trombo bloquea el paso de la sangre o cuando se desprende y viaja por el torrente sanguíneo.