Entre los organismos cuya presencia suele motivar este tipo de advertencias se encuentran las medusas, probablemente las más habituales en numerosas costas. Sus tentáculos poseen células urticantes que pueden generar molestias al entrar en contacto con la piel. Dependiendo de la especie y de la sensibilidad de cada persona, las consecuencias pueden ir desde irritaciones leves hasta reacciones que requieren evaluación médica. Por ello, siempre resulta recomendable evitar acercarse a estos animales, incluso cuando parecen encontrarse inmóviles sobre la arena.
Otra especie que suele motivar la colocación de la bandera violeta son las rayas. Estos animales acostumbran permanecer parcialmente enterrados en fondos arenosos poco profundos, donde pasan inadvertidos para quienes caminan dentro del agua. Generalmente no representan un riesgo si no son molestados, pero un contacto accidental puede provocar una lesión dolorosa. Para minimizar esa posibilidad, especialistas y guardavidas suelen recomendar avanzar arrastrando los pies sobre la arena, una técnica conocida popularmente como el “paso de raya”, que permite alertar al animal para que se aleje antes de que alguien lo pise.
También existen organismos menos conocidos, como los llamados piojos de mar, que en realidad corresponden a larvas microscópicas de determinados animales marinos. Estas pueden quedar atrapadas entre la piel y el traje de baño, ocasionando irritación y picazón horas después de abandonar el agua. Aunque generalmente no representan un problema grave, sí pueden generar importantes molestias.
En algunas regiones también pueden detectarse ejemplares de la carabela portuguesa, un organismo que suele confundirse con una medusa, aunque pertenece a una estructura biológica diferente. Sus largos tentáculos pueden conservar capacidad urticante incluso después de que el animal llega a la costa. Por esa razón, nunca se recomienda tocar estos ejemplares, aun cuando aparenten estar secos o sin vida.