Esta desconfianza hacia los profesionales de la salud es un terreno fértil para los excesos. Probablemente jugó un papel en la historia de Karolina.
Las señales de alerta que debieron alertar
Las señales físicas
A lo largo de los meses, varias señales debieron alertar a Karolina y a su entorno:
Una pérdida de peso continua más allá del objetivo inicial
Un cansancio creciente que no desaparece con el descanso
Trastornos del sueño
Una palidez anormal (signo de anemia)
Caída del cabello
Mayor sensibilidad al frío
Infecciones repetidas
Las señales conductuales
Paralelamente, ciertos cambios en el comportamiento debieron llamar la atención:
Una obsesión creciente por la alimentación
Evitar situaciones sociales que implican comida
Un discurso rígido sobre lo que es “puro” y lo que es “tóxico”
El rechazo de las opiniones médicas o de las preocupaciones de los seres queridos
Por qué nadie reaccionó a tiempo
El entorno de Karolina no percibió de inmediato la gravedad de la situación. La pérdida de peso parecía al principio voluntaria y controlada. Ella afirmaba estar bien y sentirse mejor que nunca. ¿Cómo dudar de su palabra?
Esa es una de las trampas de los trastornos de la conducta alimentaria: la persona afectada suele ser la última en reconocer el problema. Está convencida de tener razón y de ir por el buen camino. Cuanto más empeoran las señales, más se encierra en sus certezas.
Lo que nos enseña este drama
La importancia de un acompañamiento profesional
Todo cambio importante en la alimentación debería hacerse bajo la supervisión de un profesional de la salud. Un médico, un nutricionista, un dietista pueden: