El corazón es un músculo que bombea sangre incesantemente, por lo que necesita un suministro constante de energía y protección contra el daño oxidativo y la inflamación para mantener su ritmo y fuerza.
Vitaminas B (B1, B2, B3, B6, B9, B12): Juegan un papel clave en el metabolismo energético del músculo cardíaco y en la regulación de los niveles de homocisteína, un factor de riesgo cardiovascular.
Vitamina D: Se asocia con la regulación de la presión arterial y la reducción del riesgo de enfermedades cardíacas.
Vitamina K: Importante para la coagulación sanguínea y para evitar la calcificación de las arterias (salud arterial).
Magnesio: Ayuda a mantener un ritmo cardíaco normal, regula la presión arterial y relaja los vasos sanguíneos.
Potasio: Fundamental para el equilibrio de fluidos y electrolitos, esencial para la contracción muscular del corazón.
Calcio: Necesario para la contracción y relajación del músculo cardíaco.
Selenio: Actúa como antioxidante, protegiendo las células del corazón.
Hígado
El hígado es el principal órgano de desintoxicación, síntesis de proteínas, metabolismo de grasas y carbohidratos, y almacenamiento de vitaminas. Su buen funcionamiento depende de cofactores para sus procesos enzimáticos.
Vitaminas B (en especial B2, B3, B5, B6, B12): Cruciales para las múltiples vías metabólicas, incluida la desintoxicación y el metabolismo de los nutrientes.
Vitamina C: Actúa como antioxidante y ayuda en los procesos de desintoxicación hepática.
Vitamina E: Potente antioxidante que protege las células hepáticas del daño.
Colina y Biotina (B7): Importantes para el metabolismo de las grasas y para prevenir la acumulación de grasa en el hígado.
Magnesio, Zinc y Selenio: Son cofactores esenciales para las enzimas hepáticas responsables de la desintoxicación y la función antioxidante.
Riñones: minerales esenciales para el funcionamiento de los órganos humanos
Los riñones filtran la sangre, regulan el equilibrio de agua y electrolitos, y controlan la presión arterial, siendo sensibles a los desequilibrios nutricionales.
Vitamina D: Es activada en el riñón y es crucial para la absorción de calcio y la salud ósea.
Vitaminas del complejo B: Necesarias para el metabolismo energético en las células renales.
Sodio, Potasio y Cloro: Macrominerales vitales para el mantenimiento del equilibrio de fluidos y la función de filtración renal.
Magnesio: Contribuye a prevenir la formación de cálculos renales.